Martes, 24 Noviembre 2015 21:24

Tecnología cognitiva, o cómo la máquina es más racional que nosotros

Escrito por 

Hace algo más de tres años tuve la oportunidad de empezar a conocer las posibilidades de la Tecnología Cognitiva, en un congreso de IBM, donde se presentaba un nuevo supercomputador, Watson. Desde entonces, quedé impresionado por las posibilidades que esta nueva tecnología, la cognitiva, tenía para solucionar infinitos problemas que la población con discapacidad, limitaciones o mayores, encuentra en su día a día; problemas que le impiden interactuar en igualdad de condiciones con su entorno, con su ciudad, con los servicios públicos, y, en definitiva, ejercer sus derechos de forma más efectiva. Y especialmente, para aquellas personas con discapacidad intelectual o mental.

Muchas veces he dicho, y lo mantengo, que los ciudadanos tenemos miles de derechos; especialmente en nuestro país. Pero el no poder hacer uso de ellos, por no estar los bienes, productos y servicios públicos adaptados, accesibles y usables a las distintas capacidades funcionales de las personas, viene a dar el mismo resultado que si no existieran estos derechos. Como ciudadanos, tenemos derecho a utilizar la educación, la sanidad, todo tipo de servicios públicos, como la Administración de Justicia, los edificios y las ciudades,… Pero, ¿podemos todos?. Y más allá de las barreras físicas, ¿tiene una persona con discapacidad intelectual, mental o neurológica severa las posibilidades de utilizar todo en igualdad?, ¿de tomar decisiones, cuando no comprende el entorno y formas complejas de comunicación?. ¿Son adecuados y correctos, y no por la falta de conocimiento ni profesionalidad, valga por adelantado, las decisiones que se toman en diagnósticos médicos, en formas de educación, en servicios sociales adecuados a cada uno, en la implementación de servicios públicos..? E incluso en el mundo de los negocios, del comercio y del mercado, para adaptar su estrategias a las distintas capacidades del cliente.

He comentado también muchas veces que uno de los males de nuestra Sociedad de la Información y del Conocimiento, es la incapacidad de trabajar en equipo, de trabajar en equipos sectoriales, en equipos compuestos con profesionales altamente cualificados en el conocimiento de sus respectivas áreas, sean del mundo de los negocios, de la industria, del sector social o de la gestión pública. Esto hace que la sanidad vaya por un lado, la industria y la empresa por otro, el comercio por otro, y los servicios públicos por otro. Y la política, mejor no doy mi opinión, que se puede intuir. Las decisiones que se toman, por tanto, son la mayoría de las veces incompletas, cuando no ineficaces, porque hace en falta la puesta en común de un conocimiento multisectorial y multidisciplinar para tomar decisiones eficaces y eficientes, rentables, para el bienestar de los ciudadanos. Y esa falta de puesta en común de conocimiento, hace que los bienes, productos y servicios, en este caso tecnológicos, puestos a disposición de los ciudadanos, sean incapaces de contemplar la multidiversidad de las distintas capacidades de la población. Entonces, si los humanos somos incapaces de poner en común este conocimiento, y de gestionar ese conocimiento, bienvenidas sean las máquinas, si ellas son capaces de hacerlo. De ahí que me parezcan apasionantes las nuevas tendencias tecnológicas emergentes, como la tecnología cognitiva, o los asistentes personales introducidos en la tecnología en movilidad.

Sin duda, con Watson comienza una etapa completamente nueva de computación cognitiva; la máquina, a través de sus programas incorporados, se retroalimenta y es capaz de mejorar continuamente a través del aprendizaje, proporcionando respuestas y encontrando información mediante el análisis masivo de datos. Las respuestas pueden, por tanto, ser personalizadas a los distintos gustos, condiciones y parámetros del individuo. Es en Nueva York, centro logístico de Watson, donde se está desarrollando esta tecnología que, lejos de pertenecer al futuro, es ya presente, y puede cambiar el mundo. Una tecnología que podría hacer que muchas necesidades de personas con discapacidad, discapacidad intelectual o mayores con capacidades cognitivas ya reducidas, pudieran ejercer muchos de sus derechos en igualdad. Derechos sociales. Especialmente en educación, sanidad, o en el ámbito de la Justicia.. ¿Cómo?. Ayudándolos a tomar decisiones. La tecnología cognitiva está aquí. Y bien podría utilizarse, por ejemplo y entre otros miles de usos, para localizar la tecnología más adecuada para las capacidades funcionales de la persona, y en cada circunstancia.

Watson aprende (“y razona”) en función de los datos digitalizados incorporados, de los datos que capta a través del acceso a ingentes sistemas de Big Data, y de su experiencia en la interactuación con la persona. Para ello, para “aprender” y tomar decisiones personalizadas en función de las necesidades y capacidades de la persona, la tecnología necesita del conocimiento social y de la diversidad funcional de la población; y el conocimiento social necesita a la tecnología como herramienta para, cada vez más y mejor, ayudar a tomar decisiones tanto colectivas como personales.

Para entender el funcionamiento, pondré un ejemplo que viví hace unos meses, cuando asistí en directo en Madrid a una presentación práctica y en vivo de algunas posibilidades de Watson. En esta presentación, pude ver cómo una persona hablaba directamente a una pantalla, en lenguaje natural, es decir, el “corriente” de los humanos, y realizaba una operación de compra de una empresa. A través de preguntas dirigidas directamente a la máquina, ésta respondía en tiempo real: Watson, muéstrame las empresas del sector textil del cono sur americano, de facturación superior a…; ahora, las que tengan…; ahora, las que respondan a criterios de…; ahora, las que se asemejen más a nuestra estructura de personal… Todo ello, en tiempo real. Después, pude ver varios ejemplos, en áreas muy distintas, como una operación en quirófano, mientras el cirujano hacía uso del conocimiento experimental de Watson. Por ello, por haberlo visto en vivo y en directo, no me sorprendió leer este párrafo en el artículo “La nueva era de la computación”, en El País de 5 de julio de 2015.

“A una hora al norte de Manhattan, ocurren cosas asombrosas: hombres que charlan con una máquina para decidir la adquisición de una empresa; médicos que dialogan con una tableta en busca del diagnostico de la extraña enfermedad que aqueja a un niño; ingenieros de una industria petrolera que rastrea en la nube cómo reducir la incertidumbre de sus costosísimas prospecciones en el océano; cocineros que analizan en una interfaz la pertinencia de una nueva receta a partir de la composición molecular de sus ingredientes; científicos que escrutan los genes de una persona para aplicar un determinado tratamiento contra el cáncer; asesores financieros que manejan algoritmos para predecir el funcionamiento del mercado y evitar burbujas financieras, o técnicos municipales que escarban en la información de miles de sensores repartidos por toda la ciudad para evitar futuras inundaciones”.

En estos laboratorios, los ingenieros y científicos que desarrollan Watson, hablan directamente con las pantallas, y éstas reproducen las palabras por escrito o sintetizadas por voz; lo visto en tantas películas de ciencia ficción, desde aquél “2001: odisea en el espacio” de Kubrick, lo vemos ahora ya en el presente: las máquinas y los hombres, hablando y comunicándose. Definitivamente, una nueva era del conocimiento, los sistemas cognitivos. Una era que va a cambiar la vida de las personas, de los negocios, de las relaciones sociales y de los sistemas de gestión de los servicios públicos dirigidos a los ciudadanos. Y como las máquinas, afortunadamente, carecen de los prejuicios absurdos de los seres pensantes auténticos, es decir, los humanos, quizás “entiendan” definitivamente que el beneficio social debe ir acompañado del económico.

Darío Gil, uno de los ingenieros del centro simbiótico-cognitivo de IBM, mantiene que “la revolución cognitiva nos amplía los conocimientos donde termina el cerebro. Expande nuestra capacidad mental. Es una tecnología con un tremendo potencial transformador. No sustituye al hombre, lo complementa. El sistema cognitivo aporta la capacidad de análisis y de descubrimiento, su capacidad para encontrar conexiones en todo el conocimiento digital disponible”. La tecnología cognitiva es colaborativa, no sustitutiva; complementa la capacidad funcional de la persona.

Watson se diferencia por la forma de comunicarse e interactuar con la persona: en tiempo real y a través del lenguaje natural, comprende lo que se habla y lo que se escribe. Las posibilidades en el campo de la discapacidad intelectual son impensables. Al hacer una analítica combinada del saber y de la experiencia, ya convertida en saber interno suyo, se pregunta, y responde; descubre “cosas” que nuestras capacidades funcionales y cerebrales no. En definitiva, colaboración de la técnica, de la realidad social y del sector social tanto público como privado. Digamos que, además, Watson ha encontrado su aliado al coincidir en el tiempo, para su “alimentación”, con el despegue masivo de la también era del Big Data, el almacenamiento masivo de datos. Con la tecnología cognitiva, los servicios públicos, por ejemplo, debieran ser capaces de manejar mucho mejor la complejidad y multidiversidad funcional de la población, haciendo predicciones más acertadas de las consecuencias sobre los ciudadanos con diversidad funcional, a la hora de poner en marcha sus servicios públicos con determinados bienes y productos tecnológicos.

Watson, y las tecnologías cognitivas, pueden ir mucho más allá en la toma de decisiones sobre las variadas necesidades del mundo (siempre que políticamente interese, claro, algo obvio pero dudoso). Incluido el mundo de los negocios. Y de la sanidad. Y de la educación. Y de las catástrofes naturales. Sobre cualquier disciplina, y utilizable en cualquier ámbito. Sobre todo, cuando el tiempo, la rapidez y exactitud de las respuestas y toma de decisiones es muy importante; y esto ocurre con la discapacidad, los mayores y las necesidades sociales. Conocer, detectar y acertar en la toma de decisiones respecto a las distintas necesidades de la diversidad funcional, ahorra mucho dinero, y genera inclusión y riqueza. Si la previsión que hace IBM de su incremento de ingresos en el negocio de los análisis de datos a 20.000 millones en los próximos cinco años, supone un incremento proporcional del bienestar social, por la toma de decisiones más adecuada, racional, eficiente y amplia, estaremos, efectivamente, ante una nueva era en la Historia.

Coinciden todos los expertos en que en la era del Big Data, lo importante no es la cantidad de datos, sino el correcto análisis de los datos, y, por supuesto, el correcto uso de esos análisis. Esto es especialmente trascendente en aquellos campos con repercusiones sociales y que afecten directamente a la vida de los ciudadanos, y a mejorar su calidad de vida; y esto incluye la autonomía generada mediante una adecuada accesibilidad y usabilidad de nuestro entorno, para todo y todas las capacidades funcionales. La colaboración con los grandes dinosaurios de redes sociales se antoja en este sentido importantísimo, y así lo ha entendido, entre otros gigantes, IBM firmando sendos acuerdos con Twitter y Apple. Porque no nos engañemos, las grandes redes sociales van a ser unos clientes muy aventajados de la tecnología cognitiva, y no hay que demonizarlo, siempre que no suponga discriminación social; al igual que no hay que demonizar decir claramente que si queremos que la empresa invierta en accesibilidad y usabilidad, debemos enseñarla a tener beneficios con la accesibilidad y la usabilidad. Por otro lado, la capacidad de aprender y tomar decisiones de Watson, nos puede llevar, también y de una vez, a tratar lo social como empresa, y a reconvertir el pensamiento del sector asociativo social actual, a un pensamiento activo y de gestión eficiente profesional.

Algo parecido pasa con los asistentes virtuales o personales móviles. Inteligencia artificial y tecnología cognitiva van de la mano. Explicaba Xabier Uribe-Etxebarría no hace mucho, alma mater de Sherpa, que “llevamos trabajando 3 años para poder ofrecer a nuestros usuarios el sistema que revolucione la forma de consumir información en el dispositivo móvil. Hasta ahora teníamos que ir a por la información y la propuesta de Sherpa es que la información basada en nuestros gustos venga a vosotros". A lo que yo añadiría, además de basada en nuestros gustos como mantiene Xabi, adaptada a nuestras capacidades o diversidad funcional. Los algoritmos de predicción mediante Inteligencia Artificial de los asistentes personales, o virtuales, cada vez son más precisos y adaptan sus resultados a los intereses, gustos, costumbres o necesidades de los usuarios. Porque, al igual que hace Watson, aprende continuamente, en este caso directamente del usuario y de sus gustos, comportamiento, costumbres, capacidades y movimientos en su vida diaria. El asistente virtual o personal móvil se convierte, de esta forma, en tu compañero-amigo, el compañero mejor informado sobre lo que te gusta o necesitas, que igual te avisa de la última película, de una cita, o se puede convertir en tu guía para andar por la calle. ¿Nos damos cuenta de su potencial para personas con discapacidad cognitiva, limitaciones o mayores?. Porque cuando los diseños empiezan a centrarse en el usuario, utilizando tecnologías cognitivas e inteligencia artificial, empiezan a tener condiciones adaptativas sorprendentes para cada diversidad funcional.

Artículo escrito por Juan Carlos Ramiro 

Su blog:  http://juancarlosramiro.blogspot.com.es/2015/11/hacealgo-mas-de-tres-anos-tuve-la.html