Miércoles, 17 Junio 2015 13:46

una luz en casa

Escrito por 

Los que abren todas las puertas

 Retrato-Juan-C-Gargiulo

Hace unos días me llamó a última hora del día Juan Carlos. Estaba emocionado. Había encontrado unos días antes unas fotos que estaban ‘perdidas’ en un archivo digital y estaba entusiasmado con lo que estaba apareciendo. Me invitó a verlas. Al día siguiente las contemplé a su lado. Creo que son unas fotografías excelentes. Las fotos de las que hablo son las que componen esta exposición. Y ahora contaré la pequeña historia de este trabajo.

Durante años visité el Colegio de Educación Especial Nuestra Señora de la Esperanza de Segovia; situado en el barrio de San Lorenzo, y no muy lejos de La Alameda, ese maravilloso lugar junto al río, está ese colegio lleno siempre de una energía especial. He de dar gracias antes de nada a Maruja que me llevó ahí de la mano y me fue enseñando el encanto de esos seres. Fue un tiempo largo de investigación sobre algo que ahora, diez años después, voy empezando a entender.

Hoy es el cumpleaños de mi tío Pepe. Si este hombre maravilloso hubiera seguido encarnado, hoy cumpliría ochenta y cuatro años. Siguiendo su rastro, siguiendo su maravillosa estela, estuve visitando ese colegio de Educación especial de Segovia hasta que un día me di cuenta de que la investigación que estaba haciendo alrededor de esos seres, en realidad la estaba haciendo sobre mi tío, sin duda una persona clave en mi vida. Pepe me enseñó el arte de contemplar y el arte de la risa, quizás las artes supremas de la vida. Cuando comprendí que la investigación que estaba haciendo en ese colegio en realidad la estaba haciendo sobre mi tío, vi que todas las piezas encajaban, en ese momento lo único que tuve que hacer fue relajarme y disfrutar.

Las visitas al colegio Nuestra Señora de la Esperanza las hice acompañado algunas veces de mis amigos Juan Carlos, y alguna vez también nos acompañó Cristina; esas visitas marcaron un período importante de mi vida y me llenaron de experiencias muy profundas. Durante ese tiempo se grabaron imágenes en vídeo y se hicieron muchas fotos. Recuerdo que un día Juan Carlos hizo una foto que me cautivó. En esa foto se ve a Miguel acariciando la cabeza de su abuelita. La foto fue tomada durante una fiesta de Navidad. ¿Y quién es Miguel? Es un paralítico cerebral, aunque en realidad eso es no decir nada. Volvamos a la foto aunque no podamos ahora verla. Es algo extraordinario ver cómo Miguelito hunde sus dedos en el pelo de su abuela. ¿Qué es lo que quiere tocar? ¿Hasta dónde se puede adentrar este niño con sus dedos de rayo láser? Después de cuatro años de estar a su lado, todos estos niños han hundido sus manos en nuestra alma y nos han dejado llenos de un algo especial. Gracias a cómo han entrado en nuestro ser y en nuestro corazón nos sentimos florecidos, exactamente igual que otra foto que hice yo otro día en el jardín de ese mismo colegio; en ella una bella flor acaba de nacer, no de una rama, sino del mismo tronco de un árbol. Ese árbol está situado justo en la entrada de ese colegio, el lugar por el que ‘revolotean’ estos extraordinarios seres.

El día que conocimos a Miguel nos dimos cuenta de que este niño podía hacer mayor bien que todos los estadistas y filántropos juntos. De hecho ya lo está haciendo. Yo personalmente puedo decir que pocas veces he estado al lado de un ser humano que tuviera una vibración tan alta.

Miguel es un milagro, pero Miguel no sabe de milagros. Cuando otras personas les hablan a estos niños de los milagros que hacen, ellos miran con cara de sorpresa porque su mente no se centra en eso. Nunca toman una acción como propia. Nunca se enorgullecen. Nunca están ávidos de reputación. No desean nada para sí mismos, ni siquiera cuentan con la alegría de ayudar a otros. Como excluidos del mundo que son, todo lo tienen incluido dentro de ellos mismos. Lo que sí saben estos seres es que el espíritu de lo eterno vive desde siempre en su corazón. Son un cero a la izquierda, pero son por eso millonarios de amor. El amor que son, el amor que tienen, siempre lo regalan. No se quedan con nada. No tienen nada. Solamente tienen amor. Se podría decir que tienen al amor mismo, lo contienen. Estas hermosas criaturas se comunican más allá del cuerpo físico. Todo lo realizan a través de la alegría. Son seres que nunca tienen ningún plan, y sin embargo van abriendo todas las puertas a su paso.

Miguel tiene la pureza de un recién nacido. Y el mismo olor que un bebé.

Ellos están aquí para sostener la luz y elevar nuestra vibración; ellos, que son todos seres ‘improductivos’ y no adaptados a la vida de cada día ¡Atesoran tanta sabiduría! Vienen siempre con la paz. ¡Qué suerte verlos alejados de las guerras de lo cotidiano, de las refriegas y de los conflictos! Mirando sus manos uno sabe que nunca cometerán maldad alguna. Estos niños son una red de curadores, sanadores y calibradores magnéticos. En el núcleo interno de estos seres habita una altísima energía transformadora. Miguel realiza de continuo bendiciones con las manos, son verdaderas bendiciones. Miguel es como un papa santo, anónimo, fascinante. Su forma de respirar recuerda a un animal muy antiguo, un animal lleno de sabiduría.

La fuerza de estos seres no se acumula en el área de la personalidad, por lo tanto nunca hay ‘desgaste’, no hay ‘fugas’ ni escapes de ningún tipo, esto hace que su potente energía irradie a través de su gran magnetismo interno. Dicho de otra manera: al estar preservados del ego, todo lo convierten en entrega, bondad y compasión. En estos seres fluye la energía de un espíritu que es santo, el mismo espíritu que irradia todas las cosas.

Al contemplar a Miguel y a todos esos niños y niñas autistas, síndrome de down y paralíticos cerebrales, da la sensación como si hubieran tomado la opción de donarse a sí mismos, convirtiéndose en una ofrenda permanente al mundo y a la vida. ¡Nunca me hubiera imaginado que el amor se pudiera concretar de esta manera…!

Dedicamos estas fotos y estas palabras que ahora nacen escritas a todos los familiares y educadores que sufren la dureza del día a día al trabajar y convivir al lado de estos seres, porque estar al lado de ellos es una prueba física y psicológica de gran nivel. Gracias de todo corazón. Gracias.

Raúl Rodríguez.

Colección "una luz en casa" por Juan Carlos Gargiulo:

Agradecimiento especial a Raúl Rodríguez y a Cristina Torres.